14 enero 2014

¿Dices que pienso? mmm ahora que lo pienso...

Me han dicho que pienso mucho, también que la pienso mucho, muchas veces más que pienso demasiado, que pienso todo y pienso en la nada, como sea, pero pienso y pienso y parece que se nota o eso pienso.

Pensar es un pecado hoy en día, porque la tranquilidad de la incertidumbre parece ser el mejor consuelo para evitar los cambios, para evitar los problemas, esos que no sólo se quedan en el pensamiento, pensamiento que puede modificarse pero no los hechos, hechos que estarán allí, que están allí, pero que uno decide si en el futuro lo estarán.

Pensar que pensar es algo impensable, resultaría pensar que si pienso, me dificultaría después seguir pensando por la saturación de pensamientos. Sin embargo he descubierto que ese es sólo un pretexto para no pensar, aunque sólo lo pienso, porque mi realidad, esa que seguramente comparto contigo en mayor o menos medida, me dice que no lo haga, que no importa, porque suele ser aburrida, tediosa, aparentemente no afectiva, cuando hasta el afecto es resultado de lo que pienso.

Pensar es un previlegio y no una carga, aunque dependerá de lo que piense mi pensamiento, pensamiento que es mío y de nadie más, ese al que lo han querido dividir, estructurar, explicar, pero que al final de los tiempo sólo pensamiento será.

Pensar que las cosas existen, pensar qué es lo que he hecho, pensar lo que voy a ser, pareciera que a partir de que aprendí a hablar, escribir, platicar, discutir, debatir, escuchar, observar, criticar, y muchas cosas más a lo que muchos llaman experiencia y que me permite conocer más allá de saber, no del saber universal sino ese que se aloja en mi universo o eso pienso; me permite accionar, eso que es lo más complicado del mundo, porque construir y, peor aun, reconstruir el pensamiento, es sólo para los valientes.

Pensar que pienso mucho no es el problema, pensar en lo que vale la pena es todo un reto, pero accionar mi pensar no es tan intrínseco y automático como pensaba, sobre todo cuando me han alimentado culturalmente que no soy capaz de pensar.

Lo malo es que no sabían que a mí, como algunos más, les gusta los retos, porque desde el deportista, la marchanta, el peluquero, el maestro y hasta el esquizofrénico, en fin, todo aquel que sobreviva en esta realidad, recurre a un fragmento de su pensamiento, de lo contrario, la muerte llegaría, porque dejar de pensar, deteriora el cuerpo, ese que nos traslada y que casi vemos, oímos, probamos, olemos y sentimos como objeto y no como persona íntegra, aunque para esta realidad, tuya y mía, siga siendo un objeto, porque es resultado de nuestro pensamiento.

Tecleo porque te creo o me creo

Las palabras son tan importantes, como importantes son las palabras, palabras que confunden, palabras que dicen todo, mucho, poco o nada, pero al fin palabras que me deja decir sin decir, lo que siento aunque no lo sientas.

Suelo tocar este teclado en lugar de un lápiz, lápiz que uso para escribir porque me equivoco en más de un millón de ocasiones, ocasiones como las que he aprendido, aprendido que si aprendo, forzosamente tendré que errar.

Cada vez que puedo, pero mejor o peor aun, cada vez que quiero, escribo, tecleo, tecleo porque te creo, creo que estas palabras llegarán al destino correcto, y si me equivoco, algo seguro será correcto, será leído por el remitente de lo incorrecto.

Quizá sólo me quede en la vida, vida a la que le debo aun la mía, mía, dicen, dicen mis pensamientos, esos que me hacen tropezar o a veces me animan. Pensamientos que si pudiera convertir en imágenes, serían cosas tan simples como las letras que escribo, tecleo, porque me la creo.

06 enero 2014

Recordando en día de reyes haciendo una carta

Es imposible no acordarse de este día, un día que simboliza, en lo personal, el que más esperaba cuando era niño.

Era tan grande este día, que desde medio año antes escribía mi carta, algo no muy diferente a lo que hago ahora, escribir, lo que deseaba, pensaba, porque era posible.

Una de las condiciones para poder recibir un regalo el 6 de enero, era portarse bien todo el año. En realidad no recuerdo haber hecho cosas malas, pero siempre me ha gustado desobedecer cuando creo sea justo hacerlo. Hoy creo que es así y a veces lo sigo haciendo, con la diferencia de no recibir nada.

Al principio recibía juguetes, después ropa, después dinero, después, días como los de hoy, nada más que recuerdos que nunca se me olvidarán, días que me tocaron vivir y que sin sonar egoísta, agradezco a la vida por haber tenido la oportunidad de experimentar esa emoción una vez al año.

Las sorpresas son muy gratificantes y dolorosas, y las tenemos todos los días, aunque hayamos perdido la capacidad de asombro al punto de ignorarlas. Una de las más importantes, para mí, es despertar.

Si pudiera pedirle algo a los santos reyes sería, sería, es más, voy a escribirles una carta y espero eso me traigan este 2014. No necesariamente mañana por la mañana, pero espero lo traigan.

Queridos Santos Reyes:

             Este año que acaba de terminar, no me he portado muy bien que digamos, al contrario, creo que ha sido de los años en que más me he portado mal. Por ejemplo:

He llegado tarde a algunas clases, incluso, no he entrado por escuchar a personas importantes para mí o estar en algún sitio con personas quienes me invitaron a estar un rato de convivencia.

Me he portado mal porque mi servicio social no fue en un lugar convencional para mi carrera, lo hice en un medio de comunicación como es la radio donde me gustaría colaborar más y más este año.

Dije palabras que no fueron a veces muy bien aceptadas por algunas personas, sobre todo dos frases que sentí incomodaban positiva y negativamente a quien lo escuchaban: "No quiero" y "Te quiero".

Creo que sigo desobedeciendo a mis padres y lo seguiré haciendo, aunque a veces quisiera hacer lo contrario para que me traigan lo que les pido.

No terminaría de escribir qué tantas cosas malas hice este 2013 y menos si sumo lo de años anteriores. Pareciera ser un poco o un poco mucho mi cinismo en esta carta, pero espero que lo vean como algunas personas, de verdad, espero que vean esto como sinceridad.

Quiero que me traigan una cosa, no tres como hace muchos años, sólo una cosa: Un lápiz.

Ojalá y puedan traérmelo, de preferencia de color verde, naranja o morado. De verdad es lo que quiero para este 6 de enero.

Me despido sin antes decir: Sigan haciendo felices a quienes creen en ustedes, porque a veces pareciera ser más importante el objeto que la emoción que produce su visita, emoción como la llegada de un amigo que no puedes ver en meses; la llegada de un miembro en la familia y más aun cuando es un hijo; y como un abrazo de quien sabes te estima, y con fortuna, de quien te ama.

Cuidado con las plantas, saben cómo las quiere mi madre. Cuidado con el "Lucky", ladra por cualquier ruido, no es como la "Mimí" o la "Duquesa" quienes ya los conocían. Hay poco de cal por si su caballo, camello o elefante, bueno, ustedes saben, les llega a dar ganar de "hacer del baño" como consecuencia del frío.

Espero conocerlos algún día o hacer lo que hacen, hacer felices a muchas personas o tristes porque no pudieron llegar, a veces suele pasar cuando sucede.

Me voy a dormir, porque si me ven despierto seguramente, no llegarán y no tanto por ese lápiz que ansío, sino porque quiero que lean esta carta.

"Feliz día de Reyes"

05 enero 2014

La tierra

Tierra que me vio nacer, tierra que me escuchó vivir, tierra que me sintió caminar, tierra que olió mi presencia, tierra que me comerá al final de mi camino. La tierra está en mi vida, la tierra estará en mi muerte y en todos lados donde vaya, aunque la vida me lleve a otros lados como ese universo, donde ilusamente creemos que hay todo menos tierra.

Si la tierra está en todas partes, pareciera que la ignoro, como ignoro lo que tengo enfrente, quejándome después de no haberlo visto. Pero la tierra va más allá de aquello que vemos, todos los días estamos en contacto con ella aunque no estemos en contacto con ella.

La tierra está mucho más cerca de mí que el cielo, ese a donde aspiro, aunque mis hechos me lleven al mismo infierno, infierno que está formado de tierra fundida, tierra que despreciamos al punto de destruirla, destruirla sin saber que si muere, moriremos junto con ella.

La imaginación, esa que me ayuda a escribir lo que no existe aunque exista, me aleja de la tierra que da seguridad por su aparente estabilidad, cuando andamos de aquí para allá de manera ordenada por el universo, acompañando a un astro de donde salió nuestra madre tierra, el sol. Y el sol rodea una galaxia y esta va a través del universo, ese del que teorizamos cosas para darnos certidumbre y no caer en la locura de la soledad universal, a pesar de estar acompañados y resguardados por la madre tierra de la que nos queremos independizar, como un niño, que cree que la distancia lo hará.

La tierra me abrasa con sus brazos, desde el momento de darme vida hasta el momento en que muera, allí me acogerá como una madre a su hijo recién nacido, como a su hijo recién casado, como a su hijo que verá desde la eternidad.

La tierra la piso, como si fuera cualquier cosa, cuando esa aparente cualquier cosa, me da de comer, me da descanso, me da alimento, me da casa, me da cualquier cosa, me da todo lo que necesito y que ignoro por seguir aquellos ideales, esos que mueven al mundo, pero no a ella, la tierra que me vio nacer y probablemente me sentirá morir, es ella la que al final perdona, la que enseña, la que reta, la que me hace vivir, pero no la escucho por miedo a conocerla.

Podría escribir sobre la tierra y nunca terminaría. El resto sería sólo lo que creo ver, pero no lo que veo. Prefiero en este momento describirlo, aunque me quede corto en su detalles. Prefiero su riqueza, esa que no tiene nada que ver con el dinero, dinero que tomó valor por la misma tierra, por uno de sus metales al que le basamos su importancia, ignorando que eso sólo fue una creación, como tantas que hoy me permite ignorar más a pesar de ser menos ignorante de lo hecho como especie, alejándome de mis hermanos con quienes comparto vida y sobre todo de la madre tierra que me advierte y que está a punto de darme y me atrevería decir a darnos una nalgada, esa que dicen trauma, pero que hoy agradezco infinitamente. Quizá eso me hace falta, nos hace falta.

"Dicen que el ser humano aprende en todo momento, en cualquier lugar, es casi involuntario. Yo creo que si así fuera, seríamos parte de la naturaleza y no parte de nuestra naturaleza".

03 enero 2014

2013 el año perfecto... 2014 ¿Cómo será?

Es momento de dejar atrás el 2013. A veces los años, buenos o malos, se vuelven fantasmas para toda la vida y a veces pueden ser motivadores, pero en otras muchas veces pueden ser una gran carga. Espero no sea una carga, y si lo es, ojalá pueda quitarme ese peso como lo hago cuando me quito una mochila, aunque no he encontrado la fórmula para hacerlo.

Creo que como persona soy muy complejo, y además eso me molestaba, aunque pensándolo bien aun me molesta porque me ha dificultado tener muchas cosas pero sobre todo estar donde quiero estar en cuanto a interacción con otras personas.

Este 2014 quisiera fuera diferente. Pero es cierto que el querer no garantiza que lo que viene sea de esa manera, porque no todo depende de mí.

Espero hacer cosas diferentes este año que acaba empezar, con el único fin de ser diferente, de conocer a personas diferentes y vivir situaciones diferentes. Me gustaría documentarlo pero no sé si tenga el tiempo, la paciencia y la constancia que para ello se necesita, pero lo intentaré todos los días, como ahora en que me eché ánimos para escribir.

Constancia es la palabra clave en estos párrafos y es lo que menos he tenido en mi vida. Es difícil aceptarlo, pero es cierto y quizá sea la clave para no lograr todo lo que  me propuse y por lo cual hoy me obstaculiza comprometerme en objetivos que quiero, pero sobre todo necesito.

Necesidad es algo que debería de priorizar en lo que llevo de vida, sobre todo en mi persona porque hasta hace unos meses, por no decir años, mi prioridad eran las demás personas, desde lo que querían, hasta los supuestos pensamientos hacia mi persona.

Pensamientos sería lo siguiente en pulir, el pensamiento ha sido mi mayor virtud pero mi peor arma porque tiene un doble filo que a veces me ataca. El pensamiento es uno de mis pilares para seguir vivo y por ello es que me dedicaré a estudiarlo más a fondo y por lo cual quise estudiar Psicología. Pero es cierto, con la pena para algunos quienes dicen que casi es un pecado lo que voy a escribir, pero es la razón más importante por la que todos los días voy con ánimo al edificio San Jerónimo donde se encuentra la Facultad de Psicología de la BUAP y que me costó ser rechazado en dos ocasiones para sentirme parte de ella: Estudio Psicología para conocerme más.

Conocer es la parte medular, creo yo, de la existencia o eso es lo que creo a mis 27 años. Quizá en algunos años cuando lea esta publicación crea algo diferente, pero algo que me ha limitado por mis propios miedos ha sido aventurarme a nuevas experiencias que me permitan conocer más, y si hoy me preguntas, sé menos de lo que conozco.

Experiencias son las que pretendo plasmar cada vez que se pueda en este blog, escribiéndolo, que es una de las tantas formas de expresar lo que se piensa, lo que pienso, para cubrir una de mis necesidades creadas: escribir. Quizá sin saberlo hacer del todo y que espero pueda lograrlo algún día, algún día, pero eso dependerá de mi constancia, palabra clave con la que inicié esta entrada en este blog para iniciar este 2014.

"Constancia me suena a demostrar que las cosas existen. Creo que si para mí existen y para los que quieran creer que también exista, sería lo más importante, porque alimentarían mi locura, esa que espero nunca alla cura".

No me había dado cuenta

Algo que me llama mucho la atención, es que hoy todos somos jueces, es decir, que todos tenemos voz y voto de cualquier tema. Claro, eso es...