24 agosto 2014

5 Cuento en el Camión: El "Hubiera"

No se lo vayan a decir a mi chaparrita, pero me encontré a una chava en el camión que se me hizo conocida. Creo que la vi en alguna parte, pero no recuerdo exactamente dónde. Esperen, creo que ahora recuerdo. Esta chava se parecía a una niña, bueno niña entonces, de la secundaria. Se parece muchísimo. Es muy parecida, desde el cabello, el rostro, todo, claro, con algunos años menos. No les voy a decir mi edad pero por lo menos le llevo una década de distancia de quien les platico.

En ese momento comencé a recordar lo que alguna vez pasé con mi amiga. No recuerdo su nombre, bueno, en realidad sí, pero no te lo diré para no quemarla. Aunque siendo sincero, es para que no se entere mi chaparrita, porque no lo tomen personal, pero no confio todavía en ustedes.

Una vez, en la "combi", sí, así le llamábamos porque era realmente camionetas que eran llamadas así "Combis", veníamos sentados hasta los asientos de atrás. Y de repente tomó mi pierna y dijo:

- ¿Cómo te vez en diez años?
- No sé. ¿Por qué?
- Mi hermana me preguntó eso en la mañana. 
- ¿Y?
- ¡Tonto! ¡Pinches hombres!
- ¿Qué? Pues es que en diez años no sé pueda pasar.
- No sé por qué comenzó a preocuparme.
- Tienes apenas 18 años, qué te puede preocupar. Preocuparte si tuvieras las broncas de tu amiguita, esa que ya tiene dos hijos desde que salimos de la secundaria o el cuate que no sale de la droga, te acuerdas de mi vecino.
- Sí, el "flaco" le dicen.
- El mismo.
- ¡Sí! Pero qué pasaría si te imaginas en diez años.
- A mi me da hueva esa pregunta. ¿Para qué?
- Es que...
- Tu hermana va en la uni ¿No?
- Pues sí.
- Tú y yo este año hacemos el examen para la universidad, bueno, mis jefes quieren que lo presente.
- Y qué tiene que ver con que estemos o no en la uni.
- Pues que se supone que es lo que sigue y ¡ya!
- Y si no pasamos el examen.

Me quedé en aquel entonces callado. No supe qué contestar.

- Pues... pues...
- ¡Ha! Pues que eso mismo me dijo mi hermana. Y me quedé igual que tú.
- Pues me pondría a trabajar.
- Es lo que dicen todos.

Y sí, eso era normal, si no estudiabas tenías que trabajar, bueno hasta la fecha. Pero lo que no les dije es que esa amiga de quien les hablo, en realidad era... cómo decirlo... una amiga, pero en realidad quería fuera mi novia, y aunque los al parecer queríamos, pues no se dieron las cosas.

Lo que me puse a reflexionar en el camión fue qué hubiera pasado si le hubiera dicho que quería una familia y que no importaba si pasaba o no el examen, trabajaría hasta lo que más pudiera para salir adelante. No lo dije. Ni siquiera sabía que eso pude haber contestado, y quizá otra historia hubiera sucedido, no lo sé. El "Hubiera" no existe.

Lo último que supe fue que ella pasó el examen y ahora está en España. Perdí contacto con ella. Y si te preguntas qué pasó conmigo. Si te ganas mi confianza, algún día te lo diré. Por ahora quiero quedarme con la idea del que el "Hubiera no existe" y así echarle más ganas ahora... o eso es lo que siempre me dice mi chaparrita.

20 agosto 2014

4 Cuento en el Camión: La telenovela, actuaciones de la vida irreal

Es imposible dejar de ver discusiones en todas partes: En la banca de junto, en la calle, en el trabajo, en todos lados, incluso hasta en el camión. Y es que una vez que venía por el boulevard 5 de mayo, desde el centro de convenciones hasta la parada que está frente a la Iglesia de San Francisco, no se podía pasar, el camión iba a vuelta de rueda. Casi puedo asegurarte que las personas que iban por la banqueta pasaban más rápido que lo que avanzaba el camión.

Casi desde donde te platico se veía de frente y en ocasiones sólo se escuchaba cómo peleaba una pareja:

- ¡Vete a la chingada! - Le decía la chava a él. - ¡Déjame!

El cuate la intentaba abrazar pero ella no se dejaba. Estaban forcejeando. Era el espectáculo ideal en medio de la desesperación dentro de un camión lleno en plena tarde de verano.

Una señora, como de 60 años que iba sentada junto a mí me dijo:

- ¡Hay joven! Esto de que se pelean como perros y gatos es normal.
- Sí, es normal. - le decía - Es como ver las telenovelas de la televisión.
- Hay sí. Pero mire, nunca falta el héroe de la película. - Y la señora comenzó a carcajearse.

En eso, que se aparece un chavo que intentó forcejear entre la pareja para separarlos. La pareja estaba a punto de dar un espectáculo de lucha grecorromana, más el chavo "héroe" parecía lucha libre, hasta que la chava volteó y le dijo al entrometido: ¡Déjanos en paz! ¡No es tu problema!

La señora que iba sentada junto a mí, comenzó a reír más fuerte. Y me dijo:

- Vez mijo, ya lo defendió, esto se va a poner bueno. Bueno, si el tráfico sigue como está.

Seguimos viendo la pelea. Ella decía:

- Ya te dije que no quiero saber nada de ti.

El le contestaba:

- Perdóname mi amor, te juro...
- ¡Otra vez jurando! Ya van muchas veces y no cambias.
- Soy diferente, te juro que ella me obligó a...
- No digas estupideces. ¡Lárgate!

Así iban peleando. No decían mucho. Caminaban rápido, más que el camión a donde iba, pero de repente se detenían a discutir.

Al llegar a la parada en el crucero, la chava se subió al camión, y como era de esperarse, el cuate subió después de ella.

La señora que iba junto, tomó sus cosas y se bajó. Pero para colmo, la chava como pudo tomó su lugar. ¡Espectáculo en primera fila! Ella le dijo:

- Te dije que me dejes en paz.

A lo que el susodicho le respondió:

- No te vas a ir, ¡Nunca!
- ¡Vete a la chingada!
- ¡Cállate! No te das cuenta que todos nos están viendo.
- ¡Ha! Cómo te da vergüenza el que nos vean aquí toda la bola de chismosos y no te dio pena traer a esa perra hace rato. ¿Verdad?

La gente comenzó a rechiflar. La cosa estaba que ardía, y si se armaban los golpes, no tenía a dónde escapar.

- ¡Cállate! ¡Vamos! Déjame explicarte. - Él le decía a la desesperada chava.
- Ya es la tercera vez, ¡la tercera!
- Mi amor, es que...
- Tú me dijiste que no... ¡Que no...!

La chava comenzó a llorar. Estaba casi inconsolable. El cuate se quedó callado. La veía y sólo se tomaba la cara. Estaba molesto. Pegaba al tubo donde se sostenía para no caer en los arrancones del camión en repetidas ocasiones.

Así siguieron en gran parte del camino. Ella llorando y él, amenazando con la mirada a quien lo mirase. La verdad, es que tenía que bajarme en la cruz roja para pasar a traer a mi chaparrita que salía del trabajo, pero teniendo a dos personas obstruyendo el paso, y casi con el camión lleno, preferí esperar.

Así pasaron varios minutos. Pasamos por el Hospital de San José. Y en la siguiente parada algunos se bajaron. El novio se fue a sentar a un lugar un poco más adelante. Pero la veía de reojo. En eso, ella me tocó la pierna y me dijo:

- No te levantes por favor. Si te vas, él va a venir a sentarse junto a mí. ¡Por favor!

Me lo dijo en voz baja. Me lo repitió como en tres ocasiones.

Llegamos a la fuente de la China Poblana. El novio se acercó, y le dijo a la que era al parecer su novia o esposa. ¡No lo sé! Pero le dijo:

- Es la última vez que te lo voy a decir. Vamos a platicarlo. Si no, te va a llevar la chingada.

Ella no de decía nada. Yo me hice que veía la botarga de una farmacia que está en ese crucero. No supe qué pasó. Lo único que escuché fue que alguien tocó el timbre para pedir la parada. Y cuando lo vi por la ventana al novio violento, pude respirar y creo que muchos de los que íbamos en el camión, sobre todo ella, quien al darse cuenta que había bajado y el camión arrancó, se puso a llorar desconsaldamente.

Una cuadra más adelante, me dijo:

- ¡Gracias!

Lo único que pude contestar es:

- De nada.

Le pedí permiso y me pasé a un asiento más atrás. Algunos comentaban, otros simplemente esperaban a bajarse o eso parecía porque varios se levantaron para pedir parada. Un celular comenzó a sonar. Ella sacó algo de su bolsa. Parece que lo observó y lo guardó. El sonido aumentó y disminuyó. Creo que era suyo el celular y fue lo que observó la chava. Después comenzó a llorar.

Muchos nos comenzamos a ver y hacer señas preguntándonos qué estaba pasando. Nadie hacía nada.

Llegando a la siguiente parada sacó algo de su bolsa. Se lo puso al oído. Se paró, tocó el timbre y lo único que le escuché decir fue:

- Te veo en mi departamento en treinta minutos. Si no llegas, olvídate de mí.

Bajó y tomó el taxi que estaba esperando el semáforo junto al camión donde íbamos. Ya no supe qué pasó. Lo que sí sabía era que fui testigo de una puesta en escena, de esas como me dijo la señora: De telenovela.

También sabía que mi chaparrita me iba a matar, y ésta pelea sería real, conozco a mi chaparrita. Y es en serio, porque quedamos en que iría a traerla a su trabajo. Creo que ahora seremos los que haremos el espectáculo. Será el siguiente capítulo de la telenovela, actuaciones de la vida irreal, aunque con un golpecito de mi amorcito, segurito regreso al aquí y ahora en menos de lo que canta un gallo.

17 agosto 2014

3 Cuento en el Camión: Haciendo... nada...

En un transporte público te encuentras muchas cosas: desde una borracho casi a las once de la noche que no puede sostenerse por sí mismo y utiliza a la gravedad de manera involuntaria para no caer, hasta ser víctima de esa misma fuerza casi invisible como es la gravedad y caer por la fuerza del aparato. Sin embargo podemos encontrar situaciones que para algunos nos pega más que a otros, dependiendo de nuestro grado de indiferencia.

Uno de tantos días que he subido a estos monstruos de patas de caucho, rumbo a mi templo de descanso donde encuentro, casi siempre, a mi chaparrita, vi a un señor de varios años de experiencia parado, aferrándose aun tuvo y a sus cansadas piernas a este monstruo manejado por un chofer que en estos momentos no podría ponerle un adjetivo, sin embargo, podría decir que cada cosa se parece asu dueño.

Nadie le daba el asiento, nadie. Recuerdo que los asientos estaban ocupados y que nadie se tomaba la molestia de darle el lugar. Recuerdo hasta la parte de atrás iban tres personas: Una señora que se hacía ver lo que pasaba a su alrededor a través de abertura que deja el cristal tras ser recorrida por ese pequeño riel de plástico para recibir el contaminado aire de la ciudad; Lo que al parecer era su hija que iba dormida, o eso parecía; junto una niña que se me quedaba viendo como si la fuera a asaltar. En el siguiente asiento, una pareja que iba platicando lo que pasó durante el día, la semana, el mes, no lo sé, pero eso sí, con mucha euforia ya que quien le seguía la conversación era una señora que estaba sentada en el solitario asiento junto a la puerta. En el siguiente asiento una señora con su nieto. En el asiento tras el chofer, lo que parecía era su nuera y junto un señor, como de mi edad, sentado y casi haciéndose el dormido, y a menos de quince centímetros, el señor que luchaba por no caer tras cada bache, tras cada acelerada y frenada del cafre del volante.

Es lo que veía. En realidad no es un cuento, sino una denuncia. Me parece que estamos en una era, donde la indiferencia y la individualización se está llevando al extremo. No he de negar que en algunas ocasione no he cedido el asiento, pero cuando sube una persona con poca fuerza o una chava embarazada, me levanto, aunque se me queden viendo raro, aunque mi chaparrita me jale del brazo para que no me levante, no porque no quiera que lo haga, sino porque a veces ella es la que se puede parar y yo pues me quiero levantar y ella es la que lo hace.

La mirada de dolor y el estrés que se le notaba al señor, era evidente y nadie hacía nada, yo no hice nada. Así viajó hasta que se tuvo que bajar. Y nadie, ninguno de nosotros hizo nada.

13 agosto 2014

2 Cuento en el Camión: El Solitario Eterno

Hace unos días, caminado por el centro de la ciudad de Puebla, me encontré con un amigo. Amigo que no veía desde hace meses. Entre tantas cosas que platicamos, me mostró una libreta, libreta que traía dibujos, firmas, apuntes, de todo.

De repente cayó una hoja que me llamó la atención, sobre todo por lo diferente a las demás. La verdad, era una hoja muy maltratada. Entonces la levanté y como no se había dado cuenta, la guarde. Sé que fue una burrada de mi parte hacer esto, pero me llamó la atención. Comencé a leerla. No tenía dedicatoria.

Cuando estaba comenzando a leer lo siguiente:

"Esta carta es para..."



Una voz me interrumpió.

- Mira, esa hoja la conozco.
- ¡Disculpa, lo que pasa es que...!
- ¡No te preocupes! Es más, si tienes tiempo la leo.

Me quedé frío al ver su reacción. Creí que me aventaría o por lo menos me mandaría muy lejos a saludar a mi madre. No. Eso me sorprendió, algo le había pasado y aunque tenía que regresar a mi casa con mi chaparrita, decidí escucharlo unos minutos más.

Mi amigo me dijo:

- ¿Te vas para tu casa?
- Sí. Sigues viviendo por allá.
- ¡Sí! Pues vámonos.

Tomamos el camión. No me decía nada. De repente sacó la carta, me la entregó y más o menos decía así:

"Esta carta es para todos quienes la lean. En este momento estoy desesperado porque por mucho tiempo he esperado a una persona en mi vida que me quiera. Desgraciadamente esa persona desde que la conozco, no quiere hablarme, no quiere saber nada de mí. En estos momentos quisiera correr, gritar de coraje porque no puedo comprender por qué no significo nada para ella. He sacrificado años de mi vida para estar al pendiente de ella, hacerle saber que estoy allí, para nadie más, sin embargo, parece que no lo nota, que no valora lo que estoy haciendo por ella. Eso es injusto. Creo que me quedaré solo. Creo que no habrá nadie en mi vida. Quizá sea porque no cumplo con las características que ella me platica: Quiere a "un hombre que la proteja, que la mime, que cumpla sus caprichos, que le compre lo mejor, que no sea un mediocre, que sea bueno en la cama, y sobre todo, que sea exitoso, en todo lo que haga..." bueno y muchas cosas más. Yo no cumplo ni con la mitad de eso. Me sigo preguntando por qué sigo esperándola, porque mantengo la esperanza de estar allí, si no soy nadie para ella. No sé para qué escribo esta carta que ni es carta porque no va dirigida a nadie, bueno, sí, para ella, pero no se la voy a entregar. Seguramente la tiraré como todas las cartas que le he escrito que, por cierto, las he tirado más por escribir reclamos que cosas que podrían enamorarla. Es un hecho: He dejado pasar el tiempo y nadie se fijará en mí. Seré un solitario eterno."

Faltaba un pedacito por leer. Era raro porque todo lo demás lo escribió de corrido. Y lo que seguía lo separó. Pero antes de continuar le dije:

- Oye, cuánto tiempo tiene esta hoja.
- Unos tres años más o menos.
- ¿Por qué me dejas leerla? ¿Qué te pasó? ¿Me sorprende que hayas cambiado tanto?
- No, en realidad soy el mismo. ¿A dónde vas de la hoja?
- Aquí.
- Termina y ahorita te platico.

Así que continué:

"Sé que no tiene nada que ver con lo que estoy escribiendo. Esta carta que no es carta no se la voy a mostrar a nadie, ni a quien iba dirigida. Quisiera encontrarme a aquella persona que me quiera acompañar, pero eso de declararme a varias personas no se me da. Un día de estos lo haré, pero como siempre, me rechazarán. Cuando era más chico por feo. Ahora de adulto, por feo y pobre. Aunque a veces dudo que sea por eso porque conozco a muchas parejas que no tienen nada y están juntas. ¿Qué será lo que buscan las mujeres?"

Allí terminaba la carta.Si fuera yo el que hubiera escrito esa carta, la hubiera tirado. No tiene nada importante. No dice nada. Eso mismo opinaba y cosas peores de mí cuando no tenía a mi chaparrita, que ahorita me va a matar por llegar tarde. Aún así le pregunté:

- ¿Y pa qué guardas esta carta? Yo lo hubiera tirado.
- Sí, lo hice varias veces, pero cuando estaba a punto de lanzarla al resto de la basura, la tomaba de nuevo y la guardaba.
- No pues no entiendo por qué lo haces. Vamos a medio camino, así que cuéntame.
- En realidad no es nada especial. Pero al ver que la estabas leyendo dejé que lo hicieras.
- Espera, no me vas a golpear como hace años ¿verdad?
- No. Ese que conociste ya es diferente... soy diferente... tuve que serlo para cambiar lo que leíste en esa carta. Hoy es diferente. Estoy con la persona que amo y fruto de ese amor a una personita que todos los días me anima a seguir viviendo.
- Pues eso quiere decir que la chava que describes aquí, ya es tu esposa ¡Felicidades!
- No. En realidad ella murió hace un par de años. Parece que en una parranda, su pareja, ese con quien se reconciliaba cada rato, pues según me contaron, la mató en un Motel por el sur de la ciudad.
- No me digas. ¿La conozco? Porque no pones su nombre en esta hoja.
- Sí.
- ¿Cómo es que no me enteré?
- Pues ya sabes de qué murió. Cuando te enteres, sabrás de quién te hablo.
- Pues es que casi no te conocí novias. Hasta creí que eras...
- Sí, pero como leíste, fue por esperar a una persona que nunca llegó.
- Porque se murió.
- No. Eso sucedió mucho después de que decidí cambiar mis prioridades.
- A ver, ya me confundí. Si esta hoja no es para la chava con quien vives ahora. ¿Para qué la guardas?
- Cuando escribí esta supuesta carta, a los pocas semanas conocí a una chava que me llamó la atención, pero que como siempre, no quería conquistarla porque seguía empeñado a esperar a la que se murió. Para comenzar un cambio en mi vida, me independicé, comencé a rentar un cuartito. Entonces un día la que se murió llegó a la vecindad donde rentaba llorando, como a las cuatro de la mañana. Por eso casi me corren de los vecinos. Ese día discutimos y llamé a un sitio de taxis que estaba cerca. Me dijo de todo, hasta de lo que me iba a morir mientras el taxista me decía que no se la iba a llevar. La tuve que acompañar a su casa. Allí la dejé, frente al edificio que rentaba y me fui.
- Pero sigo sin entender por qué guardas esta carta.
- Porque como a una cuadra del departamento de ella, revisé mis bolsas del pantalón y llevaba sólo 50 baros. Le dije a Taxista que cuánto era por el viaje anterior, y me dijo que 50 pesos. Le dije que no mas´tenía para ese, que me bajara y sí, se portó cuate y no me cobró lo de la cuadra y media.Y entonces...
- Espera, pero eso qué tiene que ver con esta hoja. Y es que ya mero me bajo y no quiero quedarme con la incógnita.
- Vamos a la casa mano, allí te sigo explicando.
- No mano, mi chaparrita me está esperando.
- Bueno, pues para no hacerte la historia más larga, en mi pantalón, en la bolsa de atrás estaba esta hoja, porque la guardé en una de esas ocasiones que estaba por tirarla. Eran como las cinco de la mañana y me fui a una tiendas de estas de veinticuatro horas, porque el frío estaba cabrón. Allí enfrente había una gasolinera. De repente comencé a ver a una chava que estaba enfrente.
- Tan santito que te vez.
- No mano, en serio, cuando digo que la veía era que la veía y ella me veía también.
- Bueno, no más decía. Pero...
- Sí, que ya mero te bajas. Pues ya como cinco y media entró con el encargado y le pidió un medicamento para el estómago.
- ¡Eso qué!
- Pues que en eso me le quedé viendo. Ella le dijo al encargado que mientras buscaba iba por un poco de agua caliente de las máquinas que estaban junto a mí. Me vio leyendo esa carta. Y pasó lo mismo que ahora contigo, se la dí a leer. Le dije lo que te acabo de contar y esa hoja que tienes en tu mano, fue lo que me hizo comenzar a conocerla hasta que las cosas se fueron dando y ahora es mi esposa y tenemos a una hermosa niña.
- Y ¡ya!
- Sí.
- ¿Por eso guardas esta hoja? Bueno, sigo sin entender el por qué la tienes hasta hoy. Ten. Me bajó en la siguiente parada. Te paso mi número... es...
- No te preocupes, vives por acá ¿No?, seguramente te encontraré uno de estos días y con calma te paso y me pasas tu número.
- Bueno, pues cuídate y nos vemos.
- Bye.

Me despedí de él. Y ese día que supuestamente se iba a dar el encuentro para intercambiar números telefónicos, pues, no se ha dado. Pero esa historia, ya contándosela a mi chaparrita, claro, después de un buen regaño por regresar tarde, ya con más calma, ella me explicó que esa carta, aunque recuerda a la chava muerta, quizá y sólo quizá, según mi esposa, simboliza el inicio de algo nuevo tras dejar en el pasado lo que vivió y esa carta se lo hace saber.

¡Quien sabe! Yo creo que si tiene esa hoja, es porque no deja el pasado. ¡Quien sabe!

Cuando me lo encuentre, les platicaré qué indagué de esa historia del que se decía: El Solitario Eterno.

10 agosto 2014

1 Cuento en el Camión: Tiempo

El viajar en un camión me produce una sensación de viajar en el tiempo. ¡Sí! ¡Un viaje en el tiempo! Porque es sorprendente subirte a una máquina como esta, y estar en otro lugar en menos de lo que lo hubieras hecho a pie.

Independientemente de ello, me fue más extraño escuchar a dos personas hablando de todo y nada, hasta que comenzaron a hablar de este tema: El tiempo.

Iba en un camión, sentado tras de ellos, nada en especial, todos los días voy sentado tras de una, dos o los que quepan en un asiento en este camión. Sobre todo cuando va lleno, he visto sentados hasta cinco en un mismo asiento.

De repente él, una persona muy seria, que venía cargando una bolsa, bolsa que al parecer traía una caja de zapatos, comenzó a decir:

- Sabes - le decía a una mujer que lo acompañaba - es extraño a vec
es creer que un autobús sea un medio de transporte para muchas personas, y esas personas estén en éste lugar, coincidiendo en tiempo y espacio y que no lo sepan, sepamos.
- ¿Saber qué?
- Que... que... ya no recuerdo qué estaba diciendo.

Eso decía el pobre hombre, denotando una gran falta de memoria. Sin embargo siguió comentando:

- Estos camiones hacen mucho ruido. Eso quiere decir que tarde que temprano se van a descomponer.
- Por mi casa no hacen así los camiones. En realidad no son tan grandes como aquí.

Me parece que el sujeto le preguntó a ella de dónde era, le respondió, pero no logré escuchar qué dijo porque en ese momento, la persona que iba sentada junto a mí me pidió de favor le cediera el paso para bajar. Continuaron platicando de varias cosas hasta que llegamos al centro. Tras un rato de silencio él dijo:

- Ya recordé de qué te estaba platicando hace rato. Imagínate que este camión fuera una máquina del tiempo. Lo que he leído y escuchado es que nosotros podemos controlar el tiempo pero no estamos conscientes de ello.

No le entendí nada, pero es lo que recuerdo que dijo. A parte la música de los puestos ambulantes, señal de estar en el ambiente de la "Merced" como se le conoce a esta parte del Centro, no me dejaba escuchar.

Ella, con un poco de sueño, le escuchaba. Él, en su propio mundo continuaba.
- Si utilizáramos el tiempo en un camión para hacer algo, lo que sea: escribir un pensamiento, reflexionar sobre lo que estamos viviendo, enseñar al de junto o al de atrás o enfrente lo que aprendimos, en fin, conocer a la otra persona, extraña o conocida, quizá se rompería la monotonía, se conocerían las necesidades de la otra persona, quizá descubriría cosas propias, pero no, nos hemos acostumbrados a esperar, esperar a llegar a nuestro destino, sin hacer nada en el trayecto.
- Estás generalizando.
- Cierto, bueno, algunos he visto que lo hacemos. Y cuando vemos que hay personas que interactúan, algo pasa, por ejemplo, a mí me invita a evocar a alguna persona que me gustaría estuviera allí para decirle lo que en ese momento pasa por mi cabeza. Se ha roto el trance que vivimos todos los días. El escandaloso silencio entre el tenue ruido de los carros, la música, los vendedores, mis pensamientos.

De repente se quedaron callados. No había palabras. Por un instante me quedé pensando en la nada, hasta que noté que tenía que bajarme de ese camión.

Ya nos supe en qué terminó la plática. Lo que recuerdo, más menos, es lo que te acabo de compartir. No sé si eso que dijo él, sea útil. Lo que sí es cierto es que como esas he escuchado reflexiones, historias, visto acciones, en fin, hay muchas cosas que pasan dentro del camión y que a partir de hoy contaré cada domingo y cada miércoles. Espero me acompañes en este viaje, viaje al que he llamado: "Cuentos en el Camión".

09 agosto 2014

Historias en el camión: Introducción

"Existen muchos miedos, y existen porque son perpetuados y tienen una función, la cual ignoramos y que funcionó". Eso creo hoy. 

Muchos aprendimos a tener miedo a los ratones, a los perros... en mi caso a los camiones a alta velocidad. Estoy condenado a ir a pié o en otro tipo de transporte a cualquier lugar al que quiera o necesite legar. 

Mientras cambio el uso del transporte público a la bicicleta, quiero hacer una serie de historias referente a lo que he visto, escuchado incluso vivido en los camiones, pero como historias, sólo historias al punto que no notarán, espero, si hablo de una persona o hablo de mí.

Los siguientes cuentos, los cuales no sé cuántos son, ni si serán interesantes o no, saldrán dos por semana: uno los miércoles y otro los domingos exactamente a las 9 de la noche. ¿Con qué objetivo? En realidad ninguno, sólo quiero compartir lo que he visto en ya 5 años casi exactos de haber comenzado a arriesgarme a subir a un camión para poder vivir experiencias que hoy son lo más valioso que tengo.

Así que a partir de mañana domingo 10 de agosto de 2014 comenzarás, si gustas, a tener una historia en el camión que probablemente sea muy parecida a los que has visto en estos aparatos que son necesarios pero me causan, por lo menos el día de hoy, terror.

En la pestaña del menú de arriba podrás encontrar la página donde estarán estos cuentos que estarán en forma de lista.

"Es una ejercicio que me fue propuesto por una persona importante para mí: Tú sabes quién eres".

05 agosto 2014

Nos callamos por imaginar lo que sentimos

No sé ustedes, pero de unos días hacia acá, cada cosa que comento en internet representa una amenaza para mí, dentro de algunos años. Me es sorprendente ver que para poder ser "alguien" en la vida, dependemos de "alguien" arriba de nosotros.

Los modelos que he visto, escuchado y leído para el éxito, en cuestión estructural lleva, sea cual sea y llámese como se llame, una cadena que muestra un camino ascendente, aunque sin darnos cuenta, es un espejo cóncavo el cual nos permite ver las imágenes reales y virtuales, aunque en estas últimas "épocas" son más virtuales que reales.

El tema no es la estructura, es algo que me tiene aun con más cuidado que la estructura con cada paso que doy: La censura.

Esta palabra era mucho muy conocida hace algunas décadas y pareciera que se ha normalizado, al punto de aceptarla como sinónimo de seguridad, de tranquilidad o como límite entre lo correcto e incorrecto. Sin embargo otros, que crecieron con una visión diferente, parece que al tener cierto grado de poder, este complejo lo han superado, sin embargo no les es posible compartir ese ambiente que han logrado. ¿Cómo permitirlo si para lograrlo les ha costado?

Hoy en día competir es tan común que se prostituye el término y entonces se ha convertido todo en un canibalismo donde el más fuerte es quien tendrá el derecho de marcar territorio. Si sucede en otros contextos no humanos ¿Por qué no aceptar que es natural si lo hacemos? Porque conviene discriminar y no incluir. La rebanada de pastel sería menor y no valdría la pena tanto trabajo.

Como sea. Parece que la  libertad es sinónimo de sumisión hasta estar en una posición que permita tener control sobre otro para creer que se ha logrado una meta de autorealización que muchas veces es un espejismo. 

La familia, los amigos, los vecinos, el propio cuerpo, quedan a segundo término. Hoy el imaginar, pensar, idealizar, motivarse entre muchas más, parece ser el objetivo de vida para muchos. Aunque tarde que temprano esta censura al sentir, a permanecer en un sitio sin estar en otro, en abrazar y dejar fluir la emoción sin cuestionar la intensión del otro, entre otras experiencias que permite la tranquilidad vivir, tranquilidad que muchos confundimos con confort, estaremos en conflicto, conflicto que tras salir del cine, sala o recámara del monitor, más allá de la pantalla de un móvil, cuando nos demos cuenta que por muchos años, la libertad sólo fue censura, como distracción de las emociones,delos sentimientos, podría ser demasiado tarde y no hay reinicio en nuestras vidas ni cargador que nos permita vivir más de lo que fuimos útiles, útiles para los que creímos deberíamos superar o igualar, y útiles a los que debíamos proteger por estar abajo de nosotros.

"Hablar por hablar es criticado. Es válido si la referencia es a uno mismo y no hacia o de los demás"

La vida es sabia

Había una vez, un joven que buscaba a una persona. Esa persona se convertiría en el motivo para cambiar completamente su vida.

Durante su proceso de búsqueda, cambió sus gustos, sus intereses, desarrolló habilidades que no sabía que tenía y frustró muchas más por seguir a esa persona que le motivaba a cambiar su vida, esa vida que se transformó por cada fracaso en sombría, nostálgica, pesada.

¿Cómo no quererla cambiar? Así que fue persona tras persona buscando el motivo que lo sacara de ese constante sufrimiento.

Muchas personas pasaron por su vida y cuando parecía motivarle lo suficiente para cambiar, algo pasaba que se alejaba y regresaba a su estado sombrío, nostálgico, pesado.

De repente comenzó a analizar a esas personas y se dio cuenta que había una, una quien lo aceptaba tras todo fracaso. Esa persona lo recibía cuando él llegaba pero lo alejaba cuando ya no lo necesitaba. El joven no sabía por qué.

Un día, cuando había terminado una relación, el joven le llamó por teléfono a la chica preguntándole cómo estaba, qué estaba haciendo. Ella le respondió: Pensando en que me llamarías pronto y mira, estás al teléfono.

Se disculparon por la última pelea y decidieron regresar.

Una noche, después de ir al cine, caminando en las calles en una madrugada fría, como ninguna en los últimos inviernos, el joven le preguntó: ¿Por qué estás aquí? Y ella le respondió: Tú dime ¿Por qué estás aquí?

Se quedaron callados. No dijeron nada. Cada uno tomó su camino.

Nunca más se volvieron a contactar. Nunca más se llamaron por teléfono. Nunca más se recordaron uno del otro, aunque en pensamiento, la pregunta seguía en el aire. Así por más de cinco décadas.

Con cuerpos cansados, con una vida deshecha, se encontraron en una banca de un parque. No se reconocieron el uno al otro y comenzaron a platicar. Se sentían cómodos, como si se hubieran conocido de toda la vida.

De repente, ella le comentó: Había un muchacho que me buscaba cuando era más joven. Los dos reían y tosían por sus ya cansados pulmones. 

Ella continuó: Por mucho tiempo creí que él sería mi compañero de vida. Creí que seríamos el uno para el otro a pesar de nuestras diferencias. Sin embargo algo cambió. Siempre regresábamos, fueron muchas veces. En realidad nunca nos separamos, simplemente nuestros tiempos eran ocupados por otras personas. Pero la última vez que lo vi, hizo una pregunta.

¿Cual fue? - Respondió el señor mostrando una gran ansiedad por saber la respuesta. La Señora le respondió: ¿Por qué estás aquí?

El señor respondió: Esperando esa respuesta, la pregunta que le hizo aquel muchacho. Ella le respondió: ¿Por qué estás aquí? Y él decía lo mismo: Esperando esa respuesta, la pregunta que le hizo aquel muchacho.

Ella continuó: Me recuerda mucho a aquel muchacho que hoy, me imagino, será un señor ya viejo. Me recuerda a él porque siempre esperó mi respuesta y nunca se dio cuenta que la respuesta estaba frente a él todo el tiempo.

Continuó la señora: Cuando me preguntó el por qué estaba allí, simplemente quería abrazarlo. Desgraciadamente aunque lo abracé, seguía indagando esa respuesta, como usted.

El señor se quedó mirando al suelo. No dijo nada por unos instantes. De repente respiró profundo y le dijo a la señora: Quizá necesitaba lo que yo nunca pude encontrar: Aceptación. De eso me di cuenta hace pocos años, cuando mis nietos nacieron y comenzaron a crecer. Ellos me aceptaron como era. Mis hijos también ahora que lo pienso. Y hubo una mujer que antes de conocer a mi esposa, creo que lo había hecho, pero no me di cuenta. No sabía qué era ser aceptado hasta que me acepté a mí mismo.

La señora derramó lágrimas entre sus cansados párpados. Y respondió: Nunca es tarde para escuchar aquello que uno necesitaba escuchar. Espero que aquel joven haya logrado ver eso, y si pudiera tenerlo de frente, le diría que yo lo había aceptado desde siempre, pero no quería seguir con él, y por mucho tiempo me sentí culpable por haberlo dejado ir, pero escuchándolo, tengo esperanza de que haya pensado lo mismo que usted y eso me deja más tranquila ahora que se acerca mi partida de este mundo.

Señora - le respondió el señor - para culpable yo, que la abandoné. Pero si las cosas no hubieran sido así, quizá nunca me hubiera dado cuenta de lo que le acabo de decir y quizá ella y yo sufriríamos lo que siempre: Una constante reconciliación que de seguro la monotonía hubiera roto la oportunidad de ser lo que soy ahora, un ser feliz y espero ella también lo sea.

La conversación duró el tiempo en que sus nietos regresaron por ellos. Se despidieron de mano. Nunca más se volverían a cruzar uno en el camino del otro.

Él a los pocos días falleció por un derrame cerebral y una complicación en los pulmones por su adicción al tabaco. Ella comenzó a sentirse débil y murió de forma natural, sin enfermedad aparente.

No hay un final feliz. Tampoco creo sea triste. Simplemente la vida es sabia y permite realizar acciones, quizá muchas fuera de nuestras manos, para aprender algo en esto que llamamos: Vida.

Autor: Juan Roberto González Coyomani

04 agosto 2014

Rumbo a los 4 meses

Un 16 de abril del 2014 comencé a poner música que me gusta y de repente comencé a preguntar si alguien que estuviera conectado en www.mixlr.com/coyoradionline/ y sí, pidieron algunas canciones, muchas que no conocía. Después me atreví a hablar con un micrófono que utilicé en un proyecto hace años como www.coyoradionline.blogspot.mx y que ese mismo lo utilicé para otro proyecto ya como alumno universitario en www.psicodialogos.blogspot.mx donde fueron los inicios en esto de la Radio un poco más formal.

Pues ahorita, sin fines de lucro, incluso este blog no tiene ningún patrocinador y no recibo nada de nadie para hacerlo, es un programa donde simplemente pongo música, de todos los géneros. Así comienza Coyo Radio y donde puedes darle "Me gusta" en Facebook y donde puedes entrar y pedir tu canción faorita, pero para que sea programada, entre más temprano entres mejor. En la imagen los horarios.

Mi seudónimo es JR Coyomani y espero lo recomienden y entren todos los días.

"Ponemos de todo, para todos... tú la pides, la buscamos y la ponemos"

03 agosto 2014

Los efectos de una mentira

La mentira es cien por cierto intencional. Sí, así de fuerte comienzo y lo repito: La mentira es cien por ciento intencional.

Con lo anterior, esta entrada se hubiera llamado: "La mentira es cien por ciento intencional", pero de hacerlo caería en una mentira y esa no es mi intención. Sin embargo, lo que sí es mi intensión es reflexionar esto de la mentira sin tratar de persuadir o convencer a nadie como en todas mis entradas en blogger.

¿Será cierto lo que escribí? ¿Quién dice que es o no cierto? Mejor dicho ¿Quién dice si lo que escribí es mentira? Como lo escribí al principio, la mentira tiene intensión, y la única persona que tiene la facultad para saber si lo que se va a hacer es mentira o no, es quien está a punto de llevarla a cabo. Inclusive cuando quien miente, es uno a sí mismo.

A veces me he sentido traicionado por la persona que tengo frente a mí, sin embargo, quien se creía todo lo que esa persona me decía o hacía, era yo, por lo tanto la mentira, el engaño a pesar de la percepción que tenía la cuál me indicaba que no era cierto lo que pasaba, con tal de mantener lo que se había "logrado" provoca cuestionar la percepción y manipular las ideas para que cuadre con lo que queremos creer, hacer, sentir.

No por ello he dejado de echarle la culpa al otro, eso es muy complejo, pero sí he cuestionado lo que cuestioné en una primera impresión para saber si me engaño y de serlo y me conviene, saber que si las cosas no resultan en el futuro como creí que sucedería gracias a esa mentira, no esté echando culpa a medio mundo cuando yo fui quien decidió seguir las implícitas reglas del juego.

"Tu me engañaste a base de mentiras... señalando al de enfrente... ese que se encontraba en mi espejo"


02 agosto 2014

El enemigo está en casa

En muchas ocasiones hemos dejado a "La niñera" a cargo de los hijos. Eso sería lo correcto si no hay otra forma de dejarlos a menos que puedan estar solos, sin embargo eso dependerá del nivel de responsabilidad que consideren los padres tengan y eso dependerá del nivel de confianza que se haya desarrollado como familia.

Desgraciadamente esto se obstaculiza gracias a los contenidos, si es posible llamarlos así, que encontramos en la televisión abierta, privada e incluso en la misma internet.




Hoy en día una computadora, es decir, todo dispositivo electrónico que tenga la capacidad de tener un sistema operativo amigable con el ser humano y amigable me refiero a la capacidad de la herramienta de retro alimentar de manera básica las necesidades creadas entre el ser humano y la máquina, se han convertido en las nuevas niñeras que educarán en la vida, la vida de nuestros chamacos.


Se ha apostado por la apertura a la Red de Redes y ese no es el problema, al contrario, es justo y necesario, a pesar de que ello implique con las nuevas reformas dejar a cualquier persona nuestra información privada dejando vulnerable nuestros derechos humanos y ni se diga la represión por medio de nuestras supuestas obligaciones.

Los padres, hoy en día no tienen pretexto alguno de decir que no conocen el funcionamiento básico de una computadora de escritorio, una computadora portátil, un móvil o Smartphone, una consola de video juego, porque por lo menos uno de ellos lo han usado alguna vez en su vida. El ignorar no será por no saber usarlo, sino por dejar de investigar u uso como herramienta ya cotidiana.

Es necesario cambiar el paradigma de confort del siglo pasado donde los niños son un estorbo y que hay que dejar encargados con alguien o en este caso con algo. Conceptos como calidad, competencia, eficiencia, etc. en la familia quedan poco funcionales, si lo vemos como un método y dejamos de la lado el proceso que rompe con los métodos rígidos gracias a su implacable dinamismo.

"La atención no es simplemente verte a los ojos, sino intentar a partir de tu mirada encontrar el trasfondo de tu ser, tu alma"

No me había dado cuenta

Algo que me llama mucho la atención, es que hoy todos somos jueces, es decir, que todos tenemos voz y voto de cualquier tema. Claro, eso es...